Factores de disolución del colonialismo
El proceso de descolonización e independencia de las
colonias europeas extendidas sobre los pueblos afroasiáticos constituye un
fenómeno totalmente nuevo y trascendental que singulariza, junto con otros
caracteres básicos, la época actual de la historia del mundo contemporáneo. Es
uno de los rasgos distintivos más fundamentales de la historia del mundo actual,
al tratar sobre la reacción de Asia y África contra la hegemonía de Europa,
dando lugar a que tales ex colonias, constituidas en Estados independientes
tras un diferenciado proceso revolucionario, lleguen a formar el llamado Tercer
Mundo. La descolonización constituye así el proceso histórico por el que las
colonias de Asia y de África, hasta entonces dependientes de Europa, alcanzan
la independencia política tras la Segunda Guerra Mundial, durante los años
centrales del siglo XX, y supone la liquidación de los Imperios coloniales
europeos constituidos en la época de su expansión y del colonialismo.
Este proceso tiene sus antecedentes históricos en las
independencias americanas, entre finales del siglo XVIII y comienzos del XX, y
en su desarrollo durante la época actual ofrece diversas fases y caracteres, a
partir de sus orígenes en el período de entreguerras, que son:
- a) Entre 1945 y 1955, en la inmediata posguerra, que constituye la primera fase de la descolonización, se extienden los movimientos nacionalistas principalmente por Asia, y se registran las revoluciones e independencias de la casi totalidad de los países de Asia Oriental, Meridional y del Sureste, así como del Próximo Oriente, culminando este proceso en la Conferencia de Bandung, en 1955, que reúne por primera vez a los países afroasiáticos independientes y los configura como una nueva fuerza internacional.
- b) De 1955 a 1975 es la fase central de la descolonización en la que toma carácter formal el llamado Tercer Mundo, y a través de varios momentos, que tienen como antecedente inmediato la revolución egipcia de 1952, se propagan los movimientos nacionales y de liberación africanos, y se producen igualmente las revoluciones e independencias de los países de África que se constituyen como Estados independientes. También durante esta fase se completan y culminan las independencias y revoluciones de los países árabes y asiáticos.
- c) Entre 1975 y 1995 se extiende la última fase de la descolonización en la que se registran las independencias de los países de África Austral, foco de resistencia blanca, que completan el proceso junto con las últimas revoluciones africanas. Igualmente a lo largo de esta fase culminan las independencias de los países y territorios de Oceanía y del Caribe; y finalmente la obtienen los países de Asia Central. Se cierra así el proceso de descolonización, y al final del mismo no existen ya prácticamente territorios dependientes en el mundo, excepto algún residuo colonial diferenciado y singular en su problemática precisa, de los viejos y superados imperialismos, como resto aislado de la época colonial.
A lo largo de las fases indicadas, y
especialmente desde la Segunda Guerra Mundial, así como durante su inmediata
posguerra, comienzan a desarrollarse y actuar un conjunto de fuerzas y
factores, tanto en los planos internacional como continental y nacional, que constituyen
las causas y fundamentos de la descolonización en nuestra época, influyendo directamente
en el origen y aceleración del proceso, y que crean una situación propicia para
su iniciación, así como unas condiciones favorables para su evolución y
desarrollo.
La evolución de las ideas y de la conciencia
internacional, tanto en lo que respecta a la posición de la Iglesia como de las
fuerzas ideológicas y políticas mundiales, que se fueron mostrando opuestos a
los abusos del colonialismo expresando una crítica anticolonialista y defendiendo
las ventajas de la descolonización, contribuyó también de manera decisiva en la
iniciación de este proceso.
Un tercer conjunto de factores que actúan en favor de la
descolonización de los
pueblos afroasiáticos y que son muestra en este caso de
su evolución y madurez política está representado por el desarrollo del
nacionalismo, y se concreta en la formación de los movimientos y partidos
nacionalistas que surgen entre estos pueblos y que si, por un lado, tienen como
base unas realidades previas de carácter económico, social e ideológico, por
otro, se proyectan en un nacionalismo político que se manifiesta rápidamente a
través de los partidos que actúan en favor de la independencia. Para G.
Barraclough, que ha tratado sobre los diversos tipos de nacionalismos
afroasiáticos, se pueden distinguir tres tendencias: los nacionalismos
conservadores y oligárquicos de base y expresión cultural e ideológica; los
nacionalismos liberales con proyección política moderada, y los nacionalismos
populares de carácter revolucionario. Al mismo tiempo, hay que señalar que los
nacionalismos afroasiáticos se expresan y desarrollan a partir de un doble
marco: por un lado, sobre la base de la tradición y la historia del propio
pueblo como herencia de una identidad y comunidad nacional, y por otro, a
través de las coordenadas creadas por el colonialismo como configuradoras de la
nueva nación.
La orientación política de Estados Unidos ha sido también
claramente favorable a la descolonización, manifestada en declaraciones y
actitudes políticas que aunque en ocasiones van a incurrir en contradicciones
prácticas, desean mantener la posición tradicional norteamericana, iniciada en
su propia historia, de ayuda a los pueblos sometidos para la obtención de su
independencia.
La actitud política seguida por las potencias europeas
poseedoras de Imperios
coloniales respecto a sus colonias, en sus intentos de
adaptarse a las realidades del mundo al término de la Segunda Guerra Mundial,
va a tener el doble carácter, por un lado, de ser consecuente con la tendencia
general en favor de la descolonización, y, por otro, de actuar como causa y
favorecedora de las independencias coloniales. Al final de la Primera Guerra Mundial
la posición política europea era todavía sólidamente partidaria del
mantenimiento del sistema colonial en todo su vigor, convencidos aun los
gobiernos metropolitanos de la conveniencia y beneficios del colonialismo.
Durante los años de entreguerras, y en especial desde la Segunda Guerra
Mundial, las potencias europeas van tomando conciencia del cambio que se ha ido
operando, tanto en las colonias afroasiáticas a nivel nacional de cada
colectividad, como en relación con el nuevo talante internacional. Con la
finalidad de adaptarse a las nuevas realidades de posguerra, se adoptaron y
establecieron por los gobiernos europeos una serie de normas y medidas sobre la
administración colonial, que aunque inicialmente estuvieron motivadas por el
deseo de continuar manteniendo el control sobre las colonias, modificando de
alguna manera y formalmente el régimen colonial, fueron estableciendo unas
nuevas relaciones entre las metrópolis y las colonias y preparando la marcha de
éstas hacia la independencia política. Entre las potencias colonialistas fueron
especialmente Gran Bretaña y Francia las que llevaron la iniciativa en este
sentido, consiguiendo la primera crear un modelo nuevo de estructura imperial,
con originales y perdurables relaciones entre la metrópoli y los territorios
coloniales cuando éstos acceden a la independencia. En segundo lugar, Holanda y
Bélgica intentaron tardíamente establecer esas nuevas relaciones, pero no
acertaron en la consecución de ese nuevo y necesario modelo. Por último,
Portugal y España ni siquiera se lo propusieron mostrándose opuestos a la
descolonización, y desplegaron una errónea política de provincialización de sus
colonias que desembocó en la ruptura y el conflicto coloniales. Los modelos,
por tanto, de una acertada y programada política descolonizadora son los
realizados, sobre todo, por Gran Bretaña, y en segundo lugar por Francia. Gran Bretaña inició una política de transformación en sus
colonias de poblamiento de origen británico que marcó la evolución del Imperio
a la Comunidad Británica, y que como modelo de descolonización sirvió para ser
aplicado a todas sus colonias.
La política francesa de descolonización fue más tardía
que la británica, no siguió unas líneas tan coherentes de actuación, estuvo más
vinculada al proceso político nacional francés, y no llegó a consolidar un
marco institucional como la Comunidad; pero a pesar de todo ello hubo, en
determinados momentos, conciencia de la nueva realidad colonial, de la necesidad
de los cambios y adaptaciones, y de la realización de rectificaciones y ajustes
a tiempo, y los sucesivos gobiernos franceses fueron estableciendo las
disposiciones administrativas y jurídicas convenientes para realizar una
determinada política descolonizadora.
Tras la Segunda Guerra Mundial, fue la ONU la que
asumiendo la herencia de la Sociedad de Naciones y recogiendo los principios
contenidos en la Carta del Atlántico y en otros documentos análogos, sostuvo la
política de internacionalización de las colonias y planteó la cuestión colonial
en términos favorables a la progresiva autodeterminación de todos los
territorios dependientes y el acceso a la independencia de la totalidad de las
colonias. La ONU se comprometió así desde sus comienzos en una política
descolonizadora que evolucionó desde unas primeras formulaciones de compromiso
en favor del proceso autonómico, ante las rivalidades en su seno entre los
partidarios del viejo colonialismo y los defensores de la descolonización,
hasta la expresión de un radical anticolonialismo con la
condena del colonialismo y el apoyo decidido a la
independencia y la descolonización de todas las colonias.
Otro factor que ha actuado en el plano internacional en
favor de la descolonización ha sido la política seguida en relación con los
territorios coloniales por las dos más importantes organizaciones mundiales
creadas en ambas posguerras: la Sociedad de Naciones y las Naciones Unidas.
La Sociedad de Naciones, al término de la Primera Guerra
Mundial, se ocupó de regular la situación en que habían de quedar los
territorios dependientes de los países derrotados en el conflicto: Alemania y
Turquía, y se creó el sistema de Mandatos internacionales, establecido por el
artículo 22 del Tratado de Versalles de 1919, que afectó a los países árabes
del Próximo Oriente, Mandatos A, las colonias africanas de Alemania, excepto África
del SO, Mandatos B, y las islas y archipiélagos alemanes del Pacífico, Mandatos
C.
La ONU realiza así, en el marco de sus diversas
instituciones y organismos, una activa política de descolonización, en cuya
evolución hay que señalar varios momentos:
1.° La Carta de las Naciones Unidas, firmada en la
Conferencia de San Francisco en junio de 1945, contiene una Declaración
relativa a territorios no autónomos -capítulo XI- y otros sendos capítulos -XII
y XIII- sobre Régimen internacional de Administración fiduciaria y el Consejo
de Administración fiduciaria; 2.° La Declaración sobre la independencia de los
países y pueblos coloniales, aprobada por la Asamblea General en diciembre de
1960, creándose seguidamente, en 1961, el Comité de Descolonización; y 3.° En
noviembre de 1972 la Asamblea General aprobó una resolución en la que se hacía
constar que el mantenimiento del colonialismo constituía una amenaza para la
paz y la seguridad internacionales. Pero para estas fechas, la descolonización,
o al menos la independencia política, se había conseguido ya prácticamente en
todo el mundo.
Historia del mundo actual.
De MARTÍNEZ CARRERAS, J. E y otros.
Ed. Marcial Pons. Madrid, 1996
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